Ovidio
Dios es un nombre temido en vano, porque no es algo real y, si
hay un dios, seguro que le gustan las
chicas armoniosas y ardientes.
Los dioses tienen ojos y corazón como
los hombres. Si yo fuera dios,
dejaría que las mujeres me engañaran con
ojos mentirosos.

Dios es el colmo de la ignorancia,
está muy verde y se nota,
y, claro, como no ha podido con la primaria,
el universo va dando tumbos.
Y es no hay nada peor
que un chupatintas incompetente,
a cargo de una multinacional
que se llama cosmos ESE A.
El, tan tranquilo,
comiéndose a Magdalena,
en vez de preparar la bronca
ganada a pulso por el cabrón de Pío XII,
hediondo cómplice de los nazis
en el exterminio atroz de judíos y gitanos.
¡Claro! Por eso les parece
tan normal el monstruoso abuso
en sórdidos jergones de los santos inocentes.
¿Qué psicópata, detrás de lo que
los sectarios y fanáticos llaman Dios,
mueve los hilos de esta purulenta trama?
Dios ama la belleza perversa
y si no que le pregunten al pobre San Sebastián,
antes de ser bahía y chuletón.
Dios quiere contarnos historias
recién salidas del horno de su negro corazón,
ha inventado el graznido de los cuervos,
y el virus de la avaricia.
Inventó los seminarios,
palabra de
origen medieval y germánico.
Era tal la energía vital
de los
bárbaros seminaristas,
que aquello se ponía perdido
de un arroyo de salvajes fantasías,
que empezó a ser conocido como semen ario.
De ahí el vocablo semi-nario.
Surge entonces Lucifer,
y le replica con tino, no exento de poesía.
“Yo sí que soy divino:
soy una yegua que galopa a todo trapo
por las praderas del tiempo;
soy una alfombra mágica
volando por parajes
qué están aún por inventar;
soy un velero navegando a todo trapo
mientras se muere de risa.
Y es tan dulce Lucifer,
que si te acaricia el hombro,
no sabes a ciencia cierta,
si es tu novia quien te arrulla
o es la brisa demorándose en tu cuerpo.
Y, para terminar, una confidencia,
amigos de Libertad ,
,bueno, y del libertinaje,
yo soy sólo una ocurrencia
que tiene el de arriba
cuando, borracho perdido,
busca con quien pelearse.